Muchas veces se dice de alguien que ha hecho del deporte un estilo de vida. Y más común aún, si se habla de un deportista de alto rendimiento. Pero si se tuviera que hablar en un sentido casi literal de la frase, Daniela Asenjo sería esa definición.
El pasado febrero y ante 1800 espectadores, “La Leona” defendió su título mundial Silver Peso Gallo del WBC, luego de vencer a la mexicana Tania García. Esto, en Valdivia. Su ciudad natal y la que siempre lleva a todas partes en la que combate. Y de la que nunca se ha querido mover.
“Siempre he sido una defensora y luchadora del trabajo que se hace en la región. Por eso hemos traído títulos del mundo acá, con todo lo que conlleva”. Es que Daniela además, cuando no está sobre el ring buscando un nuevo cinturón, se dedica a transmitir su pasión por el boxeo.
El Club K.O: el que la vio nacer
El Club KO en Valdivia nació en 1999. Según su historia, descrita en una publicación de su cuenta de Instagram, “comienza en una sede de los barrios bajos”. Al principio, dice ser un club enfocado en el kickboxing y en el full contact. Pero ya en 2001, el fundador del club, Alejandro Concha, decidió incorporar boxeo a la escuela. La razón: la perseverancia de una joven deportista valdiviana de 18 años, que quería dar sus primeros pasos en el boxeo”.

Y es que contrario a muchas historias de deportistas de alto rendimiento, Daniela sigue entrenando en el mismo club que la vio nacer. Y no solo eso, hoy hace clases. Probablemente aprovechando las aptitudes que desarrolló en su carrera de psicopedagogía.
“Tenemos clases juveniles, para adultos, adulto mayor. Para toda la gente. Estamos tratando de llevar al boxeo a un siguiente nivel. Para que sea transversal y todo el mundo lo pueda practicar”. Los más pequeños van desde los cuatro años con iniciación infantil más que deportiva, probando de a poco. Y los longevos, cuenta Daniela que hay gente que ha empezado con 75 y hasta 80 años.
“Mi abuela también entrena y tiene 93 años. Nos hemos dado cuenta que es un deporte con buen ambiente y que si es bien guiado, no hay ningún tipo de riesgo”. Al hablar en plural se refiere a ella junto a Alejandro Concha, su entrenador, pieza fundamental en sus logros y también su actual pareja. Un amor que unió el ring y que hoy deja frutos en hacer crecer este deporte en Valdivia, donde ya el centro tiene dos sedes.
Es innegable la felicidad que le causa a cualquier deportista ganar un título, pero a Daniela le toca una fibra más profunda ver lo que sucede con quienes llegan a su club. “Me inspira ver a la gente feliz, cómo llegan de una forma al gimnasio y cómo se van de otra. Más que competir y otras cosas, eso me hace feliz. Es súper lindo, porque se juntan personas que trabajan como abogados hasta chicos que están estudiando en el liceo o que trabajan en la construcción”.
La dignificación del boxeo
Ha dicho en más de una ocasión que busca dignificar el boxeo. “Había un estigma muy grande de que todos los boxeadores eran borrachos. Que carreteaban mucho. Era como decir ‘boxeo’ y que era algo malo. Algo feo. Que era solamente gente bruta que se subía a dar golpes. Y yo creo que por lo menos, desde mi tribuna como boxeadora, he podido demostrar con hechos que no es así y que uno puede ser profesional en otra área”. Además de su carrera universitaria, se refiere a su faceta de violinista, algo que también le ayudó en su preparación como púgil.

Otra de las críticas que recibe, es sobre la violencia ejercida en este tipo de prácticas. “Hay que entender que esto es un deporte de contacto. Donde hay dos personas que están en igualdad de condiciones, con los mismos guantes, el mismo peso. Por eso es tan estricto el tema de las categorías. Hay un riesgo, sí, pero mucho más implícito en otros deportes”.
Pone de ejemplo el automovilismo o el rugby. Aunque menciona que en el boxeo es más explícito, “cada boxeador entrena para recibir lo menos posible en un combate. Pero también ha ido evolucionando y ahora hay muchas estrategias de combate. Un boxeo más inteligente. Es un deporte rudo, sí. Hay que estar bien preparado, pero siempre se trata de minimizar los riesgos”.
Y es que el estigma no solo se dio a nivel del pugilismo, sino por el hecho de ser mujer. A sus 15 años fue cuando quiso por primera vez incursionar en el mundo del deporte de contacto. Iba caminando con su hermana cuando vio un club de barrio. “Había un entrenador que ya tenía más edad y habían puros chicos. El lugar no era muy bonito tampoco. No estaba muy bien cuidado. Y el señor me dijo que no era un lugar propicio para que entrenara una mujer”. Si bien en ese momento se sintió frustrada, solo tres años después llegó al club KO.
Hoy le agradece a esa Daniela de 15 años. “Por ser obstinada y buscarlo igual. Le diría que no se deje desanimar por opiniones de otras personas. Yo le agradezco mucho a Alejandro, porque finalmente es mi promotor. No ha sido fácil porque no había boxeo profesional en Chile. En ese entonces solamente estaba Crespita Rodríguez”. Con quien después, compartirían algunos entrenamientos.
Pero hoy manifiesta cambios. Dice que los años han sabido modificar la mentalidad de muchos respecto a la idea de “mujeres en deportes de hombres”. Generalmente, asocia los comentarios a gente de más edad y que cada vez son menos. “Eso es lo importante”.
Ha notado Daniela que cada vez son más las mujeres que están metiéndose en deportes de contacto. “Yo creo que es porque hay referentes. Eso es súper importante. Creo que por lo mismo se ha ido masificando y las chicas se han dado cuenta de que han ido rompiendo estigmas sociales. De tradición. Porque hace un par de añitos atrás todavía me decían ‘oye, pero para qué haces boxeo si te va a quedar la cara toda fea’, y miren, todavía no tengo la cara destruida”.
Daniela se siente una referente. “Creo que no puedo negarlo. Y lo asumo con mucha responsabilidad, de ser un buen ejemplo para las generaciones que vienen”.
El boxeo como una salvación
“Yo siempre incentivo que hagan boxeo. Porque en mi caso, me cambió la vida y me salvó de muchas cosas. Creo que esa fortaleza física y mental que te da este deporte, para las mujeres es tremendo. Todas deberían aprender en algún momento porque te da seguridad”. Pero no se refiere solo como un recurso de defensa o seguridad física; tiene alumnas que no se suben ni se subirán a un ring, pero que entrenando frente al saco liberan el estrés.

“Me ha salvado de cambiar patrones familiares de los que muchas veces en nuestro país no se habla. Hay temas que no se tocan por miedo a los tabúes y yo creo que todas las familias lo han vivido, como lo son la violencia y adicciones. A mí me ayudó y me salvó de eso. Ayudó a que todo mi núcleo familiar se sanara conmigo”. Su caso no es el único. Cuenta que en su club recibe historias similares sobre el uso del boxeo como vía de escape.
Parte de ese proceso tiene que ver con la disciplina que ha generado. “Entreno todos los días. A veces descanso un domingo, pero estoy todos los días en el gimnasio. Me levanto y voy ahí, como toda la gente que se levanta a hacer su trabajo. Cuando tengo un combate, entreno tres o cuatro turnos diarios. Pero ahora estoy más relajada”. Relajo medio obligado puesto que arrastra una lesión en un ligamento de la mano.
Dice que mantiene su entrenamiento de cardio, la parte física y de fuerza también. Solo no puede impactar. “Por lo menos de aquí a dos meses y medio, no voy a tener una fecha de pelea”. De todas formas, menciona que no hay un calendario establecido de combate y que se va viendo en el camino.
Esta vida de boxeadora profesional le ha dado ciertos rasgos de ermitaña. Porque además de sacrificar eventos familiares, cumpleaños o navidades, “uno aprende a disfrutar mucho su tiempo a solas, de otras cosas que el común de la gente ya no le entretiene tanto”.
Como una suerte de justificación, admite que igual se da etapas de relajo. “Tampoco somos máquinas y estamos todo el tiempo trabajando. Tenemos periodos donde podemos descansar y salirnos un poco de la dieta”. Hace unas semanas regresó de unas vacaciones en Brasil. Pero la playa no fue solo precisamente para echarse a tomar sol. “Me levantaba a las 5:30 AM a correr. Es que ya es un hábito y lo disfruto”.
El día más importante de su vida: su primer título mundial en París
El 7 de junio del 2022 Daniela hizo historia en el boxeo chileno. En un caluroso verano en la capital francesa y en un combate contra todo pronóstico, “La Leona” levantaba el cinturón de campeona mundial Súper Mosca de la Organización Internacional de Boxeo. Llamativo no solo por lo inédito, sino también ante quién lo había ganado.

La estadounidense Casey Morton, su rival, corría como favorita. “Su equipo había pagado los derechos de cinturones para poder cancelar mi caché y llevarme a combatir”. La pelea terminó a favor de la chilena por decisión de los jueces. Mientras ambas esperaban el resultado sobre el ring, Daniela llevaba en su espalda la bandera con el escudo de la ciudad de Valdivia. Algo característico de la dos veces condecorada hija ilustre de la capital de la Región de Los Lagos.
Cuando recuerda ese momento, la primera palabra que se le viene a la mente es felicidad. “Yo creo que ese ha sido el momento más bueno. Lo conversamos una vez con Alejandro. Ese fue el momento más feliz de la vida. Porque lo buscamos demasiado. Mucho. Y estábamos solos. Éramos mi entrenador y yo. Nadie más”. Eso referido al cuerpo técnico, como apoyo menciona a unos amigos de Concha que viajaron desde Niza.
Y es que además del arduo entrenamiento físico y mental para poder conseguir el cetro, hubo que mantener una dieta estricta antes de los combates y someterse al ritual del pesaje y ajustarse a la categoría. “Hay una planificación ahí. Porque hoy es mucho más saludable que los cortes de peso”.
Daniela trabaja con el nutricionista deportivo José Vargas y es majadera en regirse a este tipo de dietas, “si no puede ser muy perjudicial para la salud”. Seis o siete semanas antes va bajando la cantidad de carbohidratos y subiendo las proteínas. “Y ya en los últimos días uno empieza a cortar en agua. A entrenar más abrigado para botar líquido y comer cosas más secas, como galletas de soda o arroz”. Eso sí, cuando ya pasa todo, dice que lo que más disfruta es de alguna pasta y un helado de pistacho.
Ya el día del combate la dinámica cambia. Las horas previas son fundamentales para la concentración y Daniela la prepara con el sonido de la banda estadounidense Metallica. Eso la inspira en la antesala de la pelea importante. “Va a sonar súper loco, súper desquiciado. Pero a mí me pasa que un ratito antes de la pelea, yo me empiezo a concentrar y enfocar con el psicólogo deportivo eso del entrenamiento mental. El poder enfocarte en el momento, en el ahora. Y me pasa que voy adelante y en lo único que pienso es en que tengo que volarle la cabeza a la chica que está en frente”.
Dice convencerse y repetirse que es más fuerte que la rival. “Creo que la fortaleza mental, además de que obviamente vamos a intercambiar golpes, es la estrategia. Tu cabeza es la que tiene que ser mucho más fuerte y luego la replicas en tu cuerpo. Pero es de la mente donde ideas todo y entras como en un trance. Escucho mi música, entro a pelea y es como que veo un punto rojo adelante”.
Punto rojo que no solo la hizo levantar esa victoria mundial en Francia, sino también el título recién validado en su ciudad natal, que ostenta desde octubre del 2023 tras derrotar a la kazaja Angelina Lukas en Estambul. Ahora, sobre cuál cinturón es más valioso, menciona el de París. “Fue el que me dio el puntapié para comenzar. Cuando gané el título chileno, yo había dejado mi trabajo. Trabajaba como psicopedagoga y renuncié para dedicarme al boxeo. Entonces el primer cinturón lo recuerdo igual con cariño porque dediqué tiempo para ganarlo”.
Dedicarse al boxeo en Chile: la dura realidad
Si Daniela se dedica únicamente a entrenar, hoy no le alcanzaría para vivir. Además del aporte de sus auspiciadores -Winkler Nutrition Valdivia, Born to box, Hiperkor Valdivia y Clínica MEDS-, se mantiene por las clases y su productora Benbru (dedicada a organizar eventos de boxeo). Recientemente se unió a la plataforma OnlyFans. “Aunque esto no me genera tanto, pero subo contenido deportivo regularmente y hay gente que se ha ido suscribiendo”.

Cuando ganó el título en Turquía, le llamó la atención que su contrincante tuviera importantes auspicios como de marcas de autos, siendo que ella, Daniela, sentía que estaba en un mejor nivel deportivo. “Yo creo que está el tema de la centralización”, menciona entre las causas del porqué le cuesta que la auspicien. “Quizás no tenga tanta visibilidad. De estar metida en los medios, ir a matinales o en programas en Santiago. Porque me pasa que me han invitado muchas veces, pero no puedo. Y yo creo que tengo méritos. El tema es el hecho de ser de región”.
De parte de la Federación Chilena de Boxeo, tampoco ve mucho arreglo en este tema. “Hay problemas a nivel dirigencial. La Fechibox está con tremendos problemas. No hay una directiva que esté trabajando de forma constante y consolidada. Con gente que realmente esté comprometida. También hay unas deudas por ahí. Entonces a nivel de federación está todo muy mal”.
Eso trae como consecuencia que no haya competencia, algo fatal para el desarrollo de cualquier deporte. “Ahora para las Olimpiadas, la selección argentina lleva más de diez boxeadoras y Chile no va, obviamente. Está el Comité de Boxeo Profesional, que es el rige el boxeo amateur y ahí funciona un poco mejor, pero todos los eventos son privados”.
A raíz de lo mismo, la púgil ha ido cuatro veces a México para hacer sparring. “La escuela mexicana es mucho más grande y tiene más historia que nosotros. Hay cultura deportiva en torno al boxeo. Yo debuté acá con 15 peleas amateurs y allá una chica debuta con 50 u 80 peleas”.
Fue en el país de Norteamérica donde “La Leona” empezó a comprobar que tenía buen nivel. “Me di cuenta de que no estábamos tan lejos. Que mi boxeo le hacía daño a otras boxeadoras. Ha sido un gasto importante y cuesta, porque los auspiciadores son muy escasos”.
Cuando vio in situ ese tipo de preparación, se cuestionó emigrar de Chile. “Pero la verdad es que siempre quise esa lucha, que el boxeo crezca desde acá porque veía que más gente quería practicarlo y yo creo que ha dado sus frutos”.
El lado B: el violín y su conexión con el boxeo
Antes de subirse a un ring, la boxeadora estudió en el Colegio de Música Juan Sebastián Bach de Valdivia, donde se especializó en violín y se convirtió en monitora del instrumento de cuerdas. “Cambié los guantes por el violín. Pero fue lo único que cambió. Porque antes pasaba horas estudiando. Tocaba horas. Me encerraba a tocar el violín y ahora lo hago con el deporte. La disciplina de estar estudiando siempre me lo dio la música”.
A muchos les sorprende. El tocar el violín se puede asociar a algo muy delicado en comparación con la práctica del boxeo. Y no lo oculta. “Es un poco raro igual. Es que soy un poco extremista para mis cosas. Creo que igual mi motricidad fina es muy mala, pero para el violín sí la desarrollo”.

Además de la disciplina, confiesa que la emoción que se siente en ambas prácticas es intensa. Cuando interpreta en violín a algún clásico o su tema predilecto, el tango “Por una cabeza”, dice que accede a otro estado. “No sabría cómo explicarlo. Pero siento como una adrenalina. Una emoción en el pecho. Es algo distinto cada vez que toco o me subo a pelear, obviamente, en esto último es mucho más fuerte. Pero la música no es solo algo del corazón, sino también como de oídos. Los latidos se te van a la cabeza. Son más cosas, pero la sensación es similar”.
El legado de La Leona
El apodo surgió por el promotor y boxeador argentino Bruno Godoy. “Me llevó a hacer mi tercera pelea profesional a Argentina y me preguntó por mi apodo. Yo no tenía. Me dijo que me había visto pelear, que era aguerrida. Que iba para adelante y que tenía rasgos como de felina, como de una leona. Y ahí me presentaron como ‘La Leona’“.
Daniela visualiza su retiro en unos dos o tres años más. Ahí se quiere dedicar por completo a la formación y a seguir entrenando gente. También al gimnasio y a la promoción de eventos. “Me gustaría ser promotora para negociar combates, porque no está muy explotado en el país. No hay mucha gente manejando carreras de deportistas y muchos se quedan en el camino”.
Antes de eso, eso sí, quiere seguir ganando títulos mundiales, aunque no los ve como un gran sueño por cumplir. “Me siento muy contenta con los logros que he tenido con estos dos títulos mundiales. Pero sí quiero seguir con más. Sé que puedo. Sé que puedo seguir forjando una historia importante que va a quedar para las nuevas generaciones. Hacer grandes peleas todavía en grandes escenarios”. Uno de ellos es Las Vegas, que ya lo ha hecho, pero quisiera repetirlo.
También siente curiosidad por los combates que se están haciendo en los Emiratos Árabes. “Me gustaría llegar también a esos escenarios. Poder conocer otras partes del mundo, conocer otras culturas. Es súper bonito y enriquecedor”.
-Suponemos que ha pasado todo ello y ya, finalmente, has colgado los guantes. ¿Cómo te gustaría que te recordaran o dijeran de ti cuando se repase tu carrera?
“Como una eterna luchadora del boxeo chileno. Que siempre lucha para ganar espacio, dignificar y ganar respeto más allá de mis títulos mundiales. Creo que el legado es que haya más gente que pueda decir ‘yo también quiero ser deportista profesional’, ‘yo también me quiero dedicar al boxeo’. Que esto siga creciendo. Porque no ha sido solamente hacer mi carrera, sino ser una promotora para poder impulsar carreras. Yo creo que va todo de la mano. Pero que me recuerden por eso, más que como la campeona del mundo o como la eterna luchadora de los combos”.